
En los últimos posts que he escrito con tanto cariño para ustedes mis fans, pocos o muchos sin importar, sólo les he contado de cosas en general pero no les he dicho mucho de mi ser, osea de mi.
Mucho pasó entre diciembre del año pasado y febrero de este, el tiempo que me ausenté. Y créanme que no lo hice con la intención de abandonarlos, sino porque mi vida seguía tomando giros inesperados.
¿Recuerdan la historia de la lavandería, el chamaco caliente y su méndiga madre que luego se hizo mi aliada?, ¿recuerdan que luego me hicieron encargada de la lavandería?, bueno, de compras de los susministros. Pues a mediados de diciembre me corrieron. Así nomás y sin darme explicación alguna. Llegó esa vieja hija de su pinche madre y me empezó a gritar de cosas porque se me olvidó comprar suavitel. Pero es que también, a la pinche vieja esa se le ocurrió sacarme credencial del Sams y ahí venden puras botellotas enooormes y bien pesadas. Pues yo echaba y echaba las botellotas de los susministros en el carrito, pero luego pensé en cómo le iba a hacer para cargar todo eso de ahí del Sams a la lavandería. Doña Brenda no me daba pa'l taxi y yo no te traía ni un peso encima más lo que me dieron para el transporte público. Así que me quedé toda bloquiada y fui a pagar a como pude. De ahí esperar al camión y irme en chinga, toda cargada de botellotas bien pesadas.
Pues que llego a la lavandería bien sudada y al instante llegó la vieja loca que empezó a revisar las compras y luego luego saltó y gritó cuando no vio el suavitel. Se puso como una loca y no me dio ni chanza de explicarle nada. Así que me corrió y me fui toda indignada.
No tuve problema para conseguir trabajo de día, de hecho jamás lo había considerado, pero tomé un Ándale! y encontré que en cierto lugar solicitaban gentes. Trencistas para ser exacta. ¿Trencistas?, en mi vida había escuchado y menos leído tal palabra. Como me sonó bien padre y divertido, de inmediato me puse a investigarts.
Trencista llámesele a la persona que hace trenzas. Trencitas. Muchas trencitas en la cabeza, con bolitas de colores, pueden ser del mismo tono todas o de diferentes. Las hay desde $10 hasta $15 dólar, pero en los hoteles salen más caras.
Me fui en chinga con mi amigo que sabe hacerlas, me enseñó, me hizo unas que quedaron divinas y me presenté a la "entrevista de trabajo". Mi ahora jefa se llama Blanca:
Blanca: ¿Quién te hizo esas trencitas que se te ven de maravilla?
Yo: Mmm, gracias, las hice yo misma.
Blanca: ¿Has trabajado de trencista?
Yo: La verdad no a quién quiero engañar, pero me encanta hacerle trenzas a mis amigas, sobrinas y a mi misma.
Blanca: ¿Sabes hablar inglés?
Yo: No, pero me se los números del 1 al 20.
Blanca: ¿Cuanto tiempo llevas viviendo en Playa del Carmen?
Yo: Exactamente no me acuerdo pero ya un buen.
Blanca: ¿Un buen?
Yo: Sí, algo.
Blanca: ¿Tienes problemas de horario?
Yo: No, puedo trabajar en la mañána y en la tarde hasta las 10 de la noche.
Blanca: ¿Cuando puedes empezar?
Yo: Hoy mismo si usted lo desea.
Blanca: Bueno, entonces empezarás por mi. Hace mucho que no me hago trencitas. Veré que tan rápido lo haces, porque en este negocio, mientras más rápido trabajes, mejor te va.
Y yo te soy bruta y atarantada, pero cuando me concentro no lo soy tanto. Así que rapidito rapidito le hice las mejores trencitas que alguna vez esta seño ha visto. Y le encantaron. Y ahora soy Trencista, que trabaja rapidito rapidito como el divo de la salsa...