miércoles, diciembre 06, 2006

Más Honor a quien Más Honor Merece


Pues ya con mi tan acostumbrada sección de hacerle homenajes a las gentes que quiero o que se lo merecen. En esta ocasión, porque la quiero, porque se lo merece y porque el día de hoy, 6 de diciembre cumple 30 años.
Me refiero nada más y nada menos que a Cande. O Kande. La testigo de mis mayores triunfos y de mis piores fracasos. Siempre presente en las mejores y peores borracheras de mi vida.
La conocí cuando te estaba bien chiquita, tan chiquita que ya ni me acuerdo pero eso sí, hace más de 20 años. Ya de grandes, bien amigas, nos distanciamos un poco y luego nos reencontramos y vivimos munchas esperiencias nuevas. Nunca olvidaré cuando en una de las borracheras, "alguien" de los presentes se tomó una copa con agua donde estaban reposando "los ojos" de Lucrecia. Luego esa vez que Cande se me cayó fueras de un antrucho de mala muerte y un "buen samaritano" la levantó de las lolas.
En veces la vida nos pone bien juntitas a la una de la otra. En veces nos separa por equis o ye. Pero no importa porque te sigo queriendo harto y sé que tú también me quieres igual.
Feliz cumpleaños desgraciada, te quiero un montón!

sábado, diciembre 02, 2006

De Vuelta (a casa)


Y como ya me cansé un poco de mi imagen fría pero sensual y rebelde. Dinámica más no deportiva pero sí atrevida. Ahora quiero ser más fría y más sensual pero no tan rebelde. Más dinámica y en veces un poco deportiva y eso sí, muy atrevida.
Antes te tenía el cabello alborotado como La Guzmán pero siempre me he querido peinar como La Bach. Además, ahora que te tengo 33 añotes pues las canas se empiezan a asomar y pues así ya no me gusto (gustaba) al verme al espejo. Rubia jamás, menos castaño claro ni pelirroja. Mi tono siempre me ha gustado y ahora se cómo se llama: 1.01 negro absoluto.





Pues así recién estrenando look y sintiéndome como Lety la (aún) Fea renovada me salí a la calle para que me miraran como a La Trevi. Caminé y caminé sintiéndome orgullosa y feliz. El problema es que esas chanclas que te tengo que son un poco incómodas pues a las 3 cuadras me trepé a un taxi sin mucho rumbo fijo. Total, le dije: “lléveme a Centro Maya” y eso hizo. A la primer cuadra manejada el guapo señor taxista me preguntó: “¿apoco no se ven rebien en tacones?”

Me quedé callada. No supe que decir. No entendía.

E: ¿Perdón?
T: Las mujeres… en tacones… ¿apoco no se ven rebien?
E: ¿Las mujeres?, ¿eh?, sí, si muy bien… en tacones…
Por un momento creí que estaba coqueteándome. Diciéndome que prefiere a las mujeres como yo, en tacones.
T: Mire, le voy a enseñar.
Sacó de abajo del peluche del tablero una revista y me la mostró. Era una Playboy. Nada más y nada menos que la Playboy donde posó mi entrañabilísima amiga Lourdes Murguía, a la que una vez le hicimos un homenaje mis amigas del Anyway y yo. Lástima que no fue. Que bellos tiempos. Lourdes, a la que una vez le hice un Doble Honor a Quien Honor Merece en este blog. No había tenido la oportunidad de ver la revista en persona, sólo en el Internet y fue un enorme placer para mi tenerla en mis manos y poder admirarla, ojearla, sentir el peligroso filo del papel. Peligroso por que ya una vez me corté leyendo TV Notas.

T: Mírela, toda una ¡maja! ¿Ve que bien se ve en tacones?


Me decía esto mientras veía la página donde Lourdes posó con tocado y abanico español. Y en tacones.
T: Es muy guapa. Y ya está grande la señora, pero se ve muy bien conservada…
De verdad. Aquí hago una pausa. Yo no te soy exagerada ni mentirosa, aunque lo diga la puta de la Prudencia, aunque lo diga la cerda de Desdémona. Aunque lo diga quien lo diga. No te soy ni exagerada ni mentirosa. El taxista se estaba excitando. Se emocionaba mucho mientras miraba de reojo la revista y me hacía sus comentarios. Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente, como con taquicardia. Comencé a excitarme, más que por el sexo por el hecho de saber que tal vez una nueva aventura con un taxista comenzará en mi vida. Como hace poquitito más de un año que conocí a José Luis, a quien extraño un poco todavía. Una nueva aventura en taxi implicaba transporte rápido y efectivo gratuito. Y eché a volar mi imaginación mientras el taxista seguía hablando. Y yo viendo las fotos de mi amiga tan querida.
El viaje fue tan placentero que en un abrir y cerrar de ojos, o más bien en un pasar y pasar páginas de la revista llegamos a Centro Maya. Sonriente y excitada le regresé la revista y en tono coqueto le dije:
E: Gracias joven, ¿Cuánto le debo?
T: Son treinta varos carnal.
ALTO.
¿Carnal?
Le pagué indignada. Me bajé rápido a como pude porque te soy un poco lenta y bruta. Di portazo con todas mis fuerzas que no son tantas, aunque la zorra de Prudencia, la cabrona de Desdémona y la mojigata de Caridad digan lo contrario. Y me fui a paso lento, para toparme con las paredes de vidrio del Centro de Atención Telcel Riviera Maya y ver reflejada mi triste y tonta realidad. Mi estúpida realidad.
Resulta que tan contenta estaba con mi nuevo look, cabello teñido de 1.01 negro absoluto y peinado a la Christian Bach, que se me olvidó rasurarme y maquillarme. Así que a paso más acelerado aún me subí a otro taxi que me llevara de vuelta a casa.
 

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